martes, 30 de julio de 2019

Discurso que Steve Jobs en la Universidad de Stanford el 12 de Junio de 2005.


«Me siento honrado de estar con vosotros hoy en esta ceremonia de graduación en una de las mejores universidades del mundo. Yo nunca me licencié. La verdad, esto es lo más cerca que he estado de una graduación universitaria.

Hoy deseo contaros tres historias de mi vida. No es gran cosa. Sólo tres historias. La primera trata de conectar puntos. Me retiré del Reed College a los seis meses y seguí yendo de modo intermitente otros 18 meses más antes de abandonar los estudios. ¿Por qué lo dejé? Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una joven estudiante de universidad, soltera, que decidió darme en adopción. Ella creía firmemente que debía ser adoptado por estudiantes graduados. Por lo tanto, todo estaba arreglado para que apenas naciera fuera adoptado por un abogado y su esposa; salvo que cuando nací decidieron en el último minuto que en realidad deseaban una niña. De ese modo, mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada en medio de la noche preguntándoles: «Tenemos un niño no deseado; ¿lo quieren?». Ellos contestaron: «Por supuesto».

Cuando mi madre biológica se enteró que mi madre nunca se había graduado en la universidad y que mi padre tampoco tenía el graduado escolar se negó a firmar los papeles de adopción definitivos. Sólo cambió de parecer unos meses más tarde cuando mis padres le prometieron que algún día iría. A los 17 años fui a la universidad. Ingenuamente elegí una casi tan cara como Stanford y todos los ahorros de mis padres, de clase obrera, se fueron en la matrícula. Seis meses después yo no había sido capaz de apreciar el valor de su esfuerzo. No tenía idea de lo que quería hacer con mi vida y tampoco sabía si la universidad me ayudaría a deducirlo. Y ahí estaba yo, gastando todo el dinero que mis padres habían ahorrado durante toda su vida. Decidí retirarme y confiar en que todo iba a resultar bien. En ese momento fue aterrador, pero mirando hacia atrás es una de las mejores decisiones que he tomado. Prescindí de las clases obligatorias, que no me interesaban, y comencé a asistir irregularmente a las que sí consideraba interesantes.

No todo fue romántico. No tenía dormitorio, dormía en el suelo de las habitaciones de amigos, llevaba botellas de Coca Cola a los depósitos de 5 centavos para comprar comida y caminaba 11 kilómetros, cruzando la ciudad todos los domingos de noche, para conseguir una buena comida a la semana en el templo Hare Krishna. Me encantaba. La mayoría de cosas con las que tropecé, siguiendo mi curiosidad e intuición, resultaron ser posteriormente inestimables. Por ejemplo, en ese tiempo Reed College ofrecía quizás la mejor instrucción en caligrafía del país. Todos los afiches, todas las etiquetas de todos los cajones estaban bellamente escritos en caligrafía a mano en todo el campus. Como había abandonado el curso y no tenía que asistir a las clases normales, decidí tomar una clase de caligrafía para aprender. Aprendí de los tipos serif y san serif, de la variación en el espacio entre las distintas combinaciones de letras, de lo que hace que la gran tipografía sea lo que es. Era artísticamente hermoso, histórico, de una manera en que la ciencia no logra capturar, y lo encontré fascinante.

A priori, nada de esto tenía una aplicación práctica en mi vida. Diez años después, cuando estaba diseñando el primero ordenador Macintosh, todo tuvo sentido para mí. Y todo lo diseñamos en el Mac. Fue el primer ordenador con una bella tipografía. Si nunca hubiera asistido a ese único curso en la universidad, el Mac nunca habría tenido múltiples tipografías o fuentes proporcionalmente espaciadas. Y como Windows no hizo más que copiar a Mac, es probable que ningún PC la tuviese. Si nunca me hubiera retirado, nunca habría asistido a esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales carecerían de la maravillosa tipografía que llevan. Por supuesto era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en la universidad. Sin embargo, fue muy, muy claro mirando hacia el pasado diez años después.

Reitero, no podéis conectar los puntos mirando hacia el futuro; solo podéis conectarlos mirando hacia el pasado. Por lo tanto, tenéis que confiar en que los puntos, de alguna manera, se conectarán en vuestro futuro. Tenéis que confiar en algo, lo que sea. Nunca he abandonado esta perspectiva y es la que ha marcado la diferencia en mi vida.

La segunda historia es sobre amor y pérdida. Fui afortunado, porque descubrí pronto lo que quería hacer con mi vida. Woz y yo comenzamos Apple en el garaje de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos duro y en 10 años Apple había crecido a partir de nosotros dos en un garaje, transformándose en una compañía de dos mil millones con más de 4.000 empleados. Recién habíamos presentado nuestra más grandiosa creación -el Macintosh- un año antes y yo recién había cumplido los 30.

Luego me despidieron. ¿Cómo te pueden despedir de una compañía que fundaste? Bien, debido al crecimiento de Apple contratamos a alguien que pensé que era muy talentoso para dirigir la compañía conmigo. Los primeros años las cosas marcharon bien. Sin embargo, nuestras visiones del futuro empezaron a desviarse y finalmente tuvimos un encontronazo. Cuando ocurrió, la Dirección lo respaldó a él. De ese modo a los 30 años estaba fuera. Y muy publicitádamente fuera. Había desaparecido aquello que había sido el centro de toda mi vida adulta. Fue devastador. Por unos cuantos meses, realmente no supe qué hacer. Sentía que había decepcionado a la generación anterior de empresarios, que había dejado caer el testimonio cuando me lo estaban pasando. Me encontré con David Packard y Bob Noyce e intenté disculparme por haberlo echado todo a perder tan estrepitosamente. Fue un absoluto fracaso público e incluso pensaba en alejarme del valle [Silicon Valley, California]. No obstante, lentamente comencé a entender algo. Todavía amaba lo que hacía. El revés ocurrido con Apple no había cambiado eso ni un milímetro. Había sido rechazado, pero seguía enamorado. Y decidí empezar de nuevo.

En ese entonces no lo entendí, pero ser despedido de Apple fue lo mejor que podía haberme pasado. La pesadez de tener éxito fue reemplazada por la iluminación de ser un principiante otra vez. Me liberó y entré en una de las etapas más creativas de mi vida. Durante los siguientes cinco años, fundé una compañía llamada NeXT, otra empresa llamada Pixar, y me enamoré de una asombrosa mujer que se convirtió en mi esposa. Pixar continuó y creó la primera película en el mundo animada por ordenador, Toy Story, y ahora es el estudio de animación de más éxito a nivel mundial. En un notable giro de los hechos, Apple compró NeXT, regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT constituye el corazón del actual renacimiento de Apple.

Con Laurene tenemos una maravillosa familia. Estoy muy seguro de que nada de esto habría sucedido si no me hubiesen despedido de Apple. Fue una amarga medicina, pero creo que el paciente la necesitaba. En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. No perdáis la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tenéis que encontrar lo que amáis. Y eso es tan válido para el trabajo como para el amor. El trabajo llenará gran parte de vuestras vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creéis que es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amar lo que se hace. Si todavía no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os detengáis. Al igual que con los asuntos del corazón, sabréis cuando lo habéis encontrado. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que seguid buscando. Y no os paréis.

La tercera historia es sobre la muerte. Cuando tenía 17 años leí una cita que decía algo parecido a «Si vives cada día como si fuera el último, es muy probable que algún día hagas lo correcto». Me impresionó y en los últimos 33 años, me miro al espejo todas las mañanas y me pregunto: «Si hoy fuera en último día de mi vida, ¿querría hacer lo que estoy a punto de hacer?» Y cada vez que la respuesta ha sido «no» varios días seguidos, sé que necesito cambiar algo.
Recordar que moriré pronto constituye la herramienta más importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque casi todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso todo eso desaparece a las puertas de la muerte, quedando solo aquello que es realmente importante. Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay ninguna razón para no seguir a tu corazón.

Casi un año atrás me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un escáner a las 7:30 de la mañana y claramente mostraba un tumor en el páncreas. ¡Ni sabía lo que era el páncreas! Los doctores me dijeron que era muy probable que fuera un tipo de cáncer incurable y que mis expectativas de vida no superarían los seis meses. El médico me aconsejó irme a casa y arreglar mis asuntos, que es el código médico para prepararte para morir. Significa intentar decir a tus hijos todo lo que pensabas decirles en los próximos 10 años, en unos pocos meses. Significa asegurarte que todo esté finiquitado de modo que sea lo más sencillo posible para tu familia. Significa despedirte.

Viví con ese diagnóstico todo el día. Luego por la tarde me hicieron una biopsia en que introdujeron un endoscopio por mi garganta, a través del estómago y mis intestinos, pincharon con una aguja el páncreas y extrajeron unas pocas células del tumor. Estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me contó que cuando examinaron las células en el microscopio, los doctores empezaron a llorar porque descubrieron que era una forma muy rara de cáncer pancreático, curable con cirugía. Me operaron y ahora estoy bien. Es lo más cerca que he estado a la muerte y espero que sea lo más cercano por unas cuantas décadas más.

Al haber vivido esta experiencia, puedo contarla con un poco más de certeza que cuando la muerte era puramente un concepto intelectual: Nadie quiere morir. Incluso la gente que quiere ir al cielo, no quiere morir para llegar allá. La muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y es como debe ser porque la muerte es muy probable que sea la mejor invención de la vida. Es su agente de cambio. Elimina lo viejo para dejar paso a lo nuevo. Ahora mismo, vosotros sois lo nuevo, pero algún día, no muy lejano, seréis los viejos. Y seréis eliminados. Lamento ser tan trágico, pero es cierto. Vuestro tiempo tiene límite, así que no lo perdáis viviendo la vida de otra persona. No os dejéis atrapar por dogmas, no viváis con los resultados del pensamiento de otras personas. No permitáis que el ruido de las opiniones ajenas silencie vuestra voz interior. Y más importante todavía, tened el valor de seguir vuestro corazón e intuición, porque de alguna manera ya sabéis lo que realmente queréis llegar a ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una asombrosa publicación llamada The Whole Earth Catalog, una de las biblias de mi generación. Fue creada por un tipo llamado Steward Brand no muy lejos de aquí, en Menlo Park, y la creó con un toque poético. Fue a finales de los 60, antes de los ordenadores personales y de la edición mediante microcomputadoras. Se editaba usando máquinas de escribir, tijeras y cámaras Polaroid. Era como Google en tapas de cartulina, 35 años antes de que apareciera Google. Era idealista y rebosante de hermosas herramientas y grandes conceptos. Steward y su equipo publicaron varias ediciones del The Whole Earth Catalog y luego, cuando seguía su curso normal, publicaron la última edición. Fue a mediados de los 70 y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de la última edición, había una fotografía de una carretera en medio del campo a primera hora de la mañana, similar a una en la que estaríais haciendo dedo si fuerais así de aventureros. El pie de foto decía: «Seguid hambrientos. Seguid alocados». Fue su mensaje de despedida. Siempre lo he deseado para mí. Y ahora, cuando estáis a punto de graduaros para empezar de nuevo, es lo que os deseo. Seguid hambrientos. Seguid alocados. Gracias»

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domingo, 27 de enero de 2019

Qué hay en tu taza???? Sabiduría Sufí

Vas caminando con tu taza de café y de repente alguien pasa, te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes.
-¿Por qué se te derramó el café?
-Porque alguien me empujó
Respuesta equivocada:
Derramaste el café porque tenías café en la taza. Si hubiera sido té, hubieras derramado el té.
Lo que tengas en la taza, es lo que se va a derramar.
Por lo tanto, cuando la vida te sacude (qué seguro pasará) lo que sea que tengas dentro de ti, vas a derramar.
Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes, pero cuando la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior. Eventualmente sale la verdad a la luz.
Así que habrá que preguntarse a uno mismo. ¿Qué hay en mi taza?
Cuando la vida se ponga difícil, ¿qué voy a derramar?
¿Fuerza, coraje, alegría, agradecimiento, paz, humildad?
¿Enojo, egoísmo, bronca, amargura, palabras o reacciones duras?
¡Tú eliges!
Ahora, trabaja en llenar tu taza con gratitud, perdón, alegría, palabras positivas y amables, empatía, generosidad y amor para los demás.
De lo que esté llena tu taza, tú eres el responsable.
Y mira que la vida sacude, sacude más veces de las que puedes imaginar.
Que cada día de este año tengamos oportunidad de seguir aprendiendo y derramando!!



RUMI, MÍSTICO SUFÍ, SU VIDA:

Jalal ad-Din Rumi (1207 - 1273) fue un poeta místico y persa sufí. Su poesía mística tiene un atractivo universal, que lo ha convertido en uno de los poetas más célebres de la era moderna.

Rumi nació en 1207 en Balj (actual Tayikistán), en lo que hoy es Afganistán. Viajó con frecuencia a lo largo de su vida, debido a las turbulencias políticas de su época. Después de la invasión mongol de Asia Central alrededor de 1215, la familia de Rumi se movió constantemente hacia el oeste. Visitaron Bagdad (en el moderno Irak), Persia (el moderno Irán) e hicieron una peregrinación a La Meca. La familia finalmente se estableció en Konya (Turquía moderna)

Rumi se crió en la fe islámica y se familiarizó con el Corán. Rumi se convirtió en un célebre erudito y fue admirado por su aprendizaje. A la edad de 25 años, Rumi tomó una posición como Sheik islámico de una Orden sufí en Konya. Aunque siguiendo el camino sufí, se convirtió en jurista islámico y dio sermones en las mezquitas de Konya.

Sin embargo, su vida cambió cuando conoció al místico Sufi errante Sham al-Din de Tabriz en 1244. Esta reunión tuvo un profundo impacto en Rumi, sintió que Sham era una persona de inspiración divina y lo tomó como su Gurú. Bajo la guía de Shams, Rumi perdió interés en los estudios académicos más cerebrales y se enamoró del camino del místico, el camino del corazón. Rumi se convirtió en un asceta y se dedicó al camino espiritual menos ortodoxo.

El cielo fue iluminado
por el esplendor de la luna.
Tan poderoso
que caí al suelo.
Tu amor
me ha asegurado de
que estoy listo para abandonar
esta vida mundana
y rendirme
a la magnificencia
de tu Ser.

Apenas cuatro años después de conocer a Shams, Shams desapareció (los rumores sugieren que fue asesinado con la complicidad del hijo de Rumi, celoso de la devoción de su padre a Shams). El dolor de Rumi llevó a algunos de sus poemas más grandes en el Divan-e Shams-e Tabrizi.

Esta devoción espiritual se manifestó en la poesía mística extática de Rumi. En particular, Rumi capturó el romance divino de amante y amado, el perpetuo anhelo de lo Divino.

Las flores están floreciendo
con la exaltación de tu Espíritu.
Por Allah!
Anhelo escapar de la prisión de mi ego
y perderme
en las montañas y el desierto.

A través de su poesía, Rumi expresó su filosofía que incluía la tolerancia de todas las creencias religiosas, la importancia de la bondad y la caridad, la creencia en la reencarnación y la evolución del alma. Por encima de todo, abogó por la importancia del amor. Rumi creía apasionadamente en la capacidad de la poesía, la música y la danza como un camino hacia la unión con Dios.

Tanto la luz como la sombra
son la danza del amor.
El amor no tiene causa;
Es el astrolabio de los secretos de Dios.
El amante y el amor son inseparables
y atemporales.
Aunque puedo tratar de describir el Amor
cuando lo experimento, me quedo sin palabras.

La fe de Rumi nació de la religión islámica. Él hace referencia frecuente al Corán.

Huye al Corán de Dios, refugíate allí con la fusión de los espíritus de los profetas. El Libro transmite las circunstancias de los profetas a aquellos peces del mar puro de Majestad.

La poesía de Rumi contenía líneas basadas en el Corán, pero exploró temas más allá de los límites de la religión. La gente ve en su poesía una visión de lo divino y la búsqueda universal del amor. Esta cualidad trascendental de la poesía de Rumi le ha dado un atractivo universal. Incluso durante su vida, adquirió seguidores de una diversidad de antecedentes religiosos.

Rumi murió el 17 de diciembre de 1273 en Konya. El epitafio en el lugar de su entierro establece:

Cuando estemos muertos, no busques nuestra tumba en la tierra, sino que la encuentras en los corazones de los hombres.

En su funeral, que duró más de un mes, fue visitado por musulmanes, judíos, persas, cristianos y griegos.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Cuentos de Nasrudin: Sabiduría y Espiritualidad







http://nasrudinyotroscuentossufi.blogspot.com.es/

Buscando la llave

Muy tarde por la noche Nasrudin se encuentra dando vueltas alrededor de una farola, mirando hacia abajo. Pasa por allí un vecino.

- ¿Qué estás haciendo Nasrudín, has perdido alguna cosa?- le pregunta.
- Sí, estoy buscando mi llave.

El vecino se queda con él para ayudarle a buscar. Después de un rato, pasa una vecina.
-¿Qué estáis haciendo? - les pregunta.
- Estamos buscando la llave de Nasrudín.
Ella también quiere ayudarlos y se pone a buscar.

Luego, otro vecino se une a ellos. Juntos buscan y buscan y buscan. Habiendo buscado durante un largo rato acaban por cansarse. Un vecino pregunta:

- Nasrudín, hemos buscado tu llave durante mucho tiempo, ¿estás seguro de haberla perdido en este lugar?
- No, dice Nasrudín
- ¿dónde la perdiste, pues?
- Allí, en mi casa.
- Entonces, ¿por qué la estamos buscando aquí?
- Pues porque aquí hay más luz y mi casa está muy oscura.

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Un vecino de Nasrudín fue a visitarlo.
Mulá, necesito que me preste su burro.
- 'Lo lamento -dijo el Mulá-, pero ya lo he prestado.'
No bien terminó de hablar, el burro rebuznó. El sonido provenía del establo de Nasrudín.
- 'Pero, Mulá, puedo oír al burro que rebuzna ahí dentro.'
Mientras le cerraba la puerta en la cara, Nasrudín replicó con dignidad: 'Un hombre que cree en la palabra de un burro más que en la mía no merece que le preste nada'.


¡Soy yo, si Dios quiere!

Una tarde, Mulla Nasrudin le dijo a su esposa:
-Si mañana llueve, iré al bosque a recoger leña. Si no llueve, iré a arar nuestro terreno…
-¡Di si Dios quiere!, como un buen creyente!, le aconsejó su mujer.
-¿Para qué?, respondió con rebeldía Nasrudin. ¡Que llueva o no llueva, ya tengo algo que hacer!
Al día siguiente salió un sol esplendoroso. Mulla se preparó para arar su campo. En el camino hacia su trabajo se topó con un grupo de soldados.
-¡Eh, tío!, le gritaron. ¿Por dónde debemos ir para llegar a tal aldea?
-No recuerdo por dónde… respondió Nasrudin, no queriendo perder tiempo explicando tal cosa.
-Bueno, veamos si esto te refresca la memoria, le dijeron los soldados, y comenzaron a vapulearlo con sus bastones.
-¡Ahora recuerdo!, gritó Nasrudin.
-Entonces, guíanos hasta allá… le ordenaron los soldados.
Mientras caminaban comenzó a llover; y horas más tarde, cuando dejó a los soldados en la aldea que buscaban, Nasrudin emprendió el camino de regreso, empapado, agotado, con los pies doloridos. Muy tarde en la noche, casi al alba, llegó medio arrastrándose hasta la puerta de su hogar: Golpeó en la puerta, que estaba trancada.
-¿Quién es?, gritó desde adentro su mujer:
Le respondió Mulla Nasrudin, al borde de las lágrimas:
-¡Soy yo, si Dios quiere!

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Nasrudín calentaba miel en el fuego, cuando un amigo llegó a visitarlo. La miel comenzó a hervir y Nasrudín le pasó una taza para que bebiera un poco. Estaba tan caliente, que el amigo se quemó.

-“¡Haz algo!”, exclamó el visitante.

Entonces Nasrudín tomó un abanico y lo agitó por encima de la olla con el propósito de enfriar la miel”.

La causa del sufrimiento está dentro. El exterior, lo único que hace es activarla. Cuando algo duele, pretendemos cambiar las cosas fuera. Cambiar de trabajo, cambiar de pareja, cambiar de ciudad, es decir, queremos enfriar la olla cuando la verdadera solución es enfriar nuestro interior. Y la manera de hacerlo, es encontrar la causa del sufrimiento en uno mismo.

HACIENDO LAS MISMAS COSAS OBTENDRÁS LOS MISMOS RESULTADOS



Nasrudin amaba a una mujer que vivía en el otro extremo del desierto, así que decidió tomar un camello y dirigirse al encuentro de su amada. Partió al medio día, pero al atardecer se dio cuenta que el camello había dado una vuelta en círculo y había regresado al oasis donde él estaba. Así que decidió volver a intentarlo por la noche, porque tal vez –pensó- el camello no quería viajar al calor del medio día. Al llegar la noche emprendió nuevamente el viaje, pero al despuntar el alba, vio para su asombro que el camello había regresado nuevamente al oasis. Así que reflexionó: “evidentemente la amada del camello está en este oasis”. Así que abandonó su camello, se puso unos zapatos y encaró el desierto, porque para ir al encuentro de la Amada hay algo que dejar, una decisión que tomar y un camino que iniciar.

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Cierta mañana, Nasrudin envolvió un huevo en un pañuelo, se fue al centro de la plaza de su ciudad y llamó a los que pasaban por allí: -¡Hoy tendremos un importante concurso! - dijo- ¡quien descubra lo que está envuelto en este pañuelo recibirá de regalo el huevo que está adentro!.
Las personas se miraron, intrigadas. Nasrudin insistió:
- Lo que está en este pañuelo tiene un centro que es amarillo como una yema, rodeado de un líquido del color de la clara, que a su vez está contenido dentro de una cáscara que se rompe fácilmente. Es un símbolo de fertilidad y nos recuerda a los pájaros que vuelan hacia sus nidos. Entonces, ¿quién puede decirme lo que está escondido?.
Todos los habitantes pensaban que Nasrudin tenía en sus manos un huevo, pero la respuesta era tan obvia que nadie quiso pasar verguenza delante de los otros.
Nasrudin preguntó dos veces más y nadie se arriesgó a decir algo impropio.
Entonces, abrió el pañuelo y mostró a todos el huevo.
- Todos vosotros sabíais la respuesta - afirmó - y nadie osó traducirla en palabras. Así es la vida de aquellos que no tienen el valor de arriesgarse: las soluciones nos son dadas generosamente, pero estas personas siempre buscan explicaciones más complicadas, y terminan no haciendo nada.
Sólo una cosa convierte en imposible un sueño:
el miedo a fracasar.




Encuentro con el león

Nasrudín estaba contando una historia a sus discípulos y de repente comenzó a llover. Uno que pasaba por allí, para protegerse, se guareció bajo el cobertizo donde Nasrudín estaba hablando. Esperaba solamente a que despejara, pero no pudo evitar el escuchar lo que se decía. Nasrudín estaba narrando historias increíbles. En muchas ocasiones, el hombre encontró casi imposible el resistir la tentación de interrumpir, tantos eran los absurdos que se estaban diciendo. Pero lo pensó una y otra vez y se dijo a sí mismo:-No es asunto mío. Estoy aquí debido a la lluvia y tan pronto como se pare, me iré. No tengo porqué inmiscuirme. Nasrudín estaba diciendo:-Una vez, cuando era joven, viajaba por las selvas de África, el continente misterioso. De repente, un león apareció a unos cinco metros de mí. Yo no tenía ni armas ni protección, estaba sólo en la selva. El león me mirabafijamente y comenzó a dirigirse hacia mí. Los discípulos estaban ya muy excitados. Nasrudín se detuvo por un instante y miró sus rostros. Un discípulo le dijo:-No nos tengas en vilo, ¿qué ocurrió? Otro discípulo dijo:-No te demores -, dinos qué sucedió. Nasrudín dijo:.-Es muy sencillo, muy lógico, descúbranlo por ustedes mismos. El león se abalanzó sobre mí, me mató y me devoró. En ese momento, el forastero no se pudo contener.-¿Está usted diciendo que el león lo mató, se lo comió, y usted está todavía aquí vivo? Nasrudín miró directamente al hombre y le dijo:
¿Acaso le llamas tú a esto estar vivo?


Nasrudín y el miedo
Nasrudín estaba caminando por un camino solitario una noche a la luz de la luna cuando escuchó un ronquido, en algún lugar, que parecía estar abajo suyo. De repente, le dio miedo y estaba a punto de salir corriendo cuando tropezó con un derviche acostado en una celda que se había excavado para él, en una parte subterránea--¿Quién eres? -preguntó al sabio.- Soy un derviche, y este es mi lugar de contemplación.-Vas a tener que dejarme compartirlo. Tu ronquido me asustó demasiado y no puedo seguir adelante esta noche.- Toma la otra punta de esta manta -dijo el derviche sin entusiasmo- y acuéstate aquí. Por favor, permanece en silencio, porque estoy manteniendo una vigilia. Es una parte de una complicada serie de ejercicios. Mañana tengo que cambiar la rutina y no puedo soportar la interrupción. Nasrudín se durmió por un buen rato. Luego se despertó, muy sediento.-Tengo sed -le dijo al derviche.-Entonces, vuelve por el camino, donde hay un arroyo.-No, todavía tengo miedo.-Entonces, tengo que ir yo en tu lugar -dijo el derviche-, después de todo,proveer agua es una obligación sagrada.-No, no vayas, voy a tener miedo si me quedo solo.-Toma este cuchillo para defenderte -dijo el derviche. Cuando Nasrudín se quedó solo se asustó todavía más, cayendo en una ansiedad que trató de contrarrestar imaginándose cómo atacaría a cualquier demonio que lo amenazara. En ese momento volvió el derviche.-Mantén tu distancia o te mato -dijo Nasrudín.-Pero soy el derviche -dijo el hombre.-No me importa quién eres, puedes ser un demonio disfrazado.-¡Pero vine a traerte agua! No te acuerdas, tenías sed.-¡No trates de congraciarte conmigo, demonio!-Pero esa es mi celda, la que estás ocupando.-Mala suerte para ti, ¿no es así? Vas a tener que encontrarte otra.-Supongo que sí -dijo el derviche-, pero estoy seguro de que no sé qué pensar de todo esto.-Te puedo decir una cosa -dijo Nasrudín-, el miedo es multidireccional.-Ciertamente parece ser más fuerte que la sed, o la salud, o la propiedad ajena -dijo el derviche.-Y no tienes que tenerlo tú mismo para sufrir por su causa -dijo Nasrudín.

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Una tarde Nasrudin riñó con su esposa y le gritó con tanta animosidad que ésta huyó a buscar refugio en una casa vecina. El Mulá la siguió.
Ocurrió que en aquella casa se estaba celebrando una fiesta de esponsales y tanto el anfitrión como los invitados hicieron lo posible para calmar a Nasrudin, compitiendo todos para que la pareja se reconciliara, comiera y disfrutara.
EL Mulá le dijo a su esposa:; "Querida, recuérdame que debo enfurecerme más a menudo; así, la vida valdríarealmente la pena".





Esta silla no existe


El profesor de filosofía tras entrar a su clase y colocar la silla sobre la mesa, dice: -Usen todo lo aplicable que han aprendido en este curso, para probarme satisfactoriamente que ésta silla no existe.
Entonces, con lápices y gomas de borrar, los estudiantes se lanzaron a sus épicos ensayos para demostrar que “ésta silla no existe”.
El joven Nasrudin, tras dejar escrita su respuesta, a los 30 segundos se levanta y ante el asombro de sus compañeros y del profesor, entrega su hoja y regresa a su asiento.
El día de la entrega de las calificaciones, Nasrudin, el estudiante que escribió su respuesta en 30 segundos, fue el que recibió el puntaje más alto de la clase.
Su respuesta fue: ¿Qué silla?.
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Estaba viajando, con un compañero, a través del desierto de Gobi, y hacia mucho calor; andaban muy escasos de agua, hasta que llegó el momento en que solamente les quedó una botella de agua. Ambos estaban terriblemente sedientos, tenian las bocas secas y estaban casi alucinando. Entonces, decidieron irse a dormir muy pronto, levantarse muy temprano a la mañana y compartir al día siguiente la última botella de agua antes de intentar llegar al próximo oasis.
Ambos se despertaron temprano a la mañana siguiente y el compañero de Nasrudín descubrió que la botella estaba vacía. Como tenía la garganta tan seca, le graznó a Nasrudín:
- ¿Por qué terminaste el agua? ¿Cómo pudiste hacer algo así?
Nasrudín dijo:
- Tú no sabes que ambos somos derviches, y que hemos jurado seguir las órdenes de nuestros maestros. Anoche tuve un sueño. En esta visión, Mevlana Rumi me dijo: "Nasrudín, bebe tu agua, toma tu parte ahora".
Entonces, el otro derviche le dijo:
- Sí, pero él dijo, bebe tu parte, tu porción del agua... ¿Por qué terminaste toda la botella?
Y Nasrudín dijo:
- Bueno, es obvio, mi parte era la mitad inferior de la botella.


El costo de aprenderNasrudín decidió que podía beneficiarse aprendiendo algo nuevo y fue a visitar a un renombrado maestro de música:
- ¿Cuánto cobra usted para enseñarme a tocar la flauta? - preguntó Nasrudín.
- Tres piezas de plata el primer mes; después una pieza de plata por mes - contestó el maestro.
-¡Perfecto! - dijo Nasrudín; - comenzaré en el segundo mes.

La mujer perfecta

Nasrudin conversaba con un amigo.
- Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?
- Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.
Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.
Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.
- ¿Y por qué no te casaste con ella?
- ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.


Las aparienciasCuenta el sufi Mula Nasrudin que cierta vez asistió a una casa de baños pobremente vestido, y lo trataron de regular a mal y ya para salir dejó una moneda de oro de propina.
A la semana siguiente fue ricamente vestido y se desvivieron para atenderlo...y dejó una moneda de cobre, diciendo:
-Esta es la propina por el trato de la semana pasada y la de la semana pasada, por el trato de hoy.


¿A dónde ir?- La gente preguntó al Mula Nasrudín "¿Dónde debemos ir en una procesión fúnebre, al frente, en la parte trasera, o al lado?"
Nasrudin contestó:
"¡No importa donde vayas, mientras no vayas dentro del ataúd!"

Gratitud

Cierto día, mientras Nasrudin trabajaba en su granja, una espina penetró su pie. Increíblemente él dijo: "¡Gracias Dios mío, gracias!" y prosiguió:

“¡Es una bendición que el día de hoy no estuviese con mis zapatos nuevos!"


Una capa pesadaUna noche la gente oyó un ruido espantoso que provenía de la casa de Nasrudin. A la mañana siguiente y apenas se levantaron lo fueron a visitar y le preguntaron: "¿Qué fue todo ese ruido?". "Mi capa cayo al suelo". Respondió Nasrudín.
Pero: "¿Una capa puede hacer tal ruido?" Le cuestionaron:
"Por supuesto, sí usted está dentro de ella, como yo lo estaba"


Sacarse el ojo doloridoBasándose en los informes que le habían dado a él, el Califa nombró a Nasrudin Consejero Mayor de la Corte y puesto que su autoridad no le provenía de su propia competencia sino del patronazgo del Califa, Nasrudin se convirtió en un peligro para todos cuantos acudían a consultarle, como se evidenció en le siguiente caso:
“Nasrudin tú que eres un hombre de experiencia”, le dijo un cortesano, "¿conoces algún remedio para el dolor de ojos? Te lo pregunto porque a mi me duelen tremendamente”
“Permíteme que comparta contigo mi experiencia”, le dijo Nasrudin. “En cierta ocasión tuve un dolor de muelas, y no encontré alivio hasta que me las hice sacar.”



La Sopa de PatoCierto día, un campesino fue a visitar a Nasrudin, atraído por la gran fama de éste y deseoso de ver de cerca al hombre mas ilustre del país. Le llevó como regalo un magnífico pato. El Mula, muy honrado, invitó al hombre a cenar y pernoctar en su casa. Comieron una exquisita sopa preparada con el pato.
A la mañana siguiente, el campesino regresó a su campiña, feliz de haber pasado algunas horas con un personaje tan importante. Algunos días más tarde, los hijos de este campesino fueron a la ciudad y a su regreso pasaron por la casa de Nasrudin. - Somos los hijos del hombre que le regaló un pato - se presentaron. Fueron recibidos y agasajados con sopa de pato.
Una semana después, dos jóvenes llamaron a la puerta del Mula. - ¿Quiénes son ustedes? - Somos los vecinos del hombre que le regaló un pato. El Mula empezó a lamentar haber aceptado aquel pato. Sin embargo, puso al mal tiempo buena cara e invitó a sus huéspedes a comer.
A los ocho días, una familia completa pidió hospitalidad al Mula. - Y ustedes ¿quiénes son? - Somos los vecinos de los vecinos del hombre que le regaló un pato. Entonces el Mula hizo como si se alegrara y los invito al comedor. Al cabo de un rato, apareció con una enorme sopera llena de agua caliente y llenó cuidadosamente los tazones de sus invitados. Luego de probar el líquido, uno de ellos exclamó: - Pero... ¿qué es esto, noble señor? ¡Por Alá que nunca habíamos visto una sopa tan desabrida! Mula Nasrudin se limito a responder: - Esta es la sopa de la sopa de la sopa de pato que con gusto les ofrezco a ustedes, los vecinos de los vecinos de los vecinos del hombre que me regaló el pato.



Los granjeros...

a los que se les daban bien los números.
De entre todos los pueblos que el mula Nasrudin visitó en sus viajes, había uno que era especialmente famoso porque a sus habitantes se les daban muy bien los números. Nasrudin encontró alojamiento en la casa de un granjero. A la mañana siguiente se dio cuenta de que el pueblo no tenía pozo. Cada mañana, alguien de cada familia del pueblo cargaba uno o dos burros con garrafas de agua vacías y se iban a un riachuelo que estaba a una hora de camino, llenaban las garrafas y las llevaban de vuelta al pueblo, lo que les llevaba otra hora más.
"¿No sería mejor si tuvieran agua en el pueblo?", preguntó Nasrudin al granjero de la casa en la que se alojaba. "¡Por supuesto que sería mucho mejor!", dijo el granjero. "El agua me cuesta cada día dos horas de trabajo para un burro y un chico que lleva el burro. Eso hace al año mil cuatrocientas sesenta horas, si cuentas las horas del burro como las horas del chico. Pero si el burro y el chico estuvieran trabajando en el campo todo ese tiempo, yo podría, por ejemplo, plantar todo un campo de calabazas y cosechar cuatrocientas cincuenta y siete calabazas más cada año."
"Veo que lo tienes todo bien calculado", dijo Nasrudin admirado. "¿Por qué, entonces, no construyes un canal para traer el agua al río?" "¡Eso no es tan simple!", dijo el granjero. "En el camino hay una colina que deberíamos atravesar. Si pusiera a mi burro y a mi chico a construir un canal en vez de enviarlos por el agua, les llevaría quinientos años si trabajasen dos horas al día. Al menos me quedan otros treinta años más de vida, así que me es más barato enviarles por el agua."
"Sí, ¿pero es que serías tú el único responsable de construir un canal? Son muchas familias en el pueblo."
"Claro que sí", dijo el granjero. "Hay cien familias en el pueblo. Si cada familia enviase cada día dos horas un burro y un chico, el canal estaría hecho en cinco años. Y si trabajasen diez horas al día, estaría acabado un año."
"Entonces, ¿por qué no se lo comentas a tus vecinos y les sugieres que todos juntos construyáis el canal?
"Mira, si yo tengo que hablar de cosas importantes con un vecino, tengo que invitarle a mi casa, ofrecerle té y halva, hablar con él del tiempo y de la nueva cosecha, luego de su familia, sus hijos, sus hijas, sus nietos. Después le tengo que dar de comer y después de comer otro té y él tiene que preguntarme entonces sobre mi granja y sobre mi familia para finalmente llegar con tranquilidad al tema y tratarlo con cautela. Eso lleva un día entero. Como somos cien familias en el pueblo, tendría que hablar con noventa y nueve cabezas de familia. Estarás de acuerdo conmigo que yo no puedo estar noventa y nueve días seguidos discutiendo con los vecinos. Mi granja se vendría abajo. Lo máximo que podría hacer sería invitar a un vecino a mi casa por semana. Como un año tiene sólo cincuenta y dos semanas, eso significa que me llevaría casi dos años hablar con mis vecinos. Conociendo a mis vecinos como les conozco, te aseguro que todos estarían de acuerdo con hacer llegar el agua al pueblo, porque todos ellos son buenos con los números. Y como les conozco, te digo, que cada uno prometería participar si los otros participasen también. Entonces, después de dos años, tendría que volver a empezar otra vez desde el principio, invitándoles de nuevo a mi casa y diciéndoles que todos están dispuestos a participar." "Vale", dijo Nasrudin, "pero entonces en cuatro años estarías preparados para comenzar el trabajo. ¡Y al año siguiente, el canal estaría construido!"
"Hay otro problema", dijo el granjero. "Estarás de acuerdo conmigo que una vez que el canal esté construido, cualquiera podrá ir por agua, tanto como si ha o no contribuido con su parte de trabajo correspondiente."
"Lo entiendo", dijo Nasrudin . "Incluso si quisierais, no podríais vigilar todo el canal."
"Pues no", dijo el granjero. "Cualquier caradura que se hubiera librado de trabajar, se beneficiaría de la misma manera que los demás y sin coste alguno."
"Tengo que admitir que tienes razón", dijo Nasrudin.
"Así que como a cada uno de nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escabullirnos. Un día el burro no tendrá fuerzas, el otro el chico de alguien tendrá tos, otro la mujer de alguien estará enferma, y el niño, el burro tendrán que ir a buscar al médico.
Como a nosotros se nos dan bien los números, intentaremos escurrirnos el bulto. Y como cada uno de nosotros sabe que los demás no harán lo que deben, ninguno mandará a su burro o a su chico a trabajar. Así, la construcción del canal ni siquiera se empezará."
"Tengo que reconocer que tus razones suenan muy convincentes", dijo Nasrudin. Se quedó pensativo por un momento, pero de repente exclamó: "Conozco un pueblo al otro lado de la montaña que tiene el mismo problema que ustedes tienen. Pero ellos tienen un canal desde hace ya veinte años."
"Efectivamente", dijo el granjero, "pero a ellos no se les dan bien los números."

¿Saben de qué les voy a hablar?

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.
Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.
Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:
-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.
La gente dijo:
-No... ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!
Nasrudin contestó:
-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dicho esto, se levantó y se fue.
La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:
-¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice "¡qué inteligente!", para no sentirse un idiota uno repite: "¡si, claro, qué inteligente!". Y entonces, todos empezaron a repetir:
-Qué inteligente.
-Qué inteligente.
Hasta que uno añadió:
-Si, qué inteligente, pero... qué breve.
Y otro agrego:
-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.
Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.
Nasrudin dijo:
-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
-¡Qué humilde!
Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.
Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:
-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:
-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.
Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:
-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se volvió a ir.
La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:
-¡Brillante!
Y cuando todos oyeron que alguien había dicho "¡brillante!", el resto comenzó a decir:
-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro
Hasta que alguien dijo:
-Si, pero... mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.
Y en seguida se oyó:
-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!
Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.
La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.
Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:
-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:
-Algunos si y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.
Entonces el maestro respondió:
-En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben.
Se levantó y se fue.

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Todos los días nasrudin iba a mendigar al mercado, y a la gente le encantaba verlo hacer el papel de tonto con el siguiente truco: le mostraban dos monedas, una que valía diez veces más que la otra. Nasrudim siempre elegía la de menor valor.
La historia corrió por el condado. Día tras día, grupos de hombres y mujeres le mostraban las dos monedas, y Nasrudim siempre se quedaba con la de menor valor.
Hasta que apareció un señor generoso, cansado de ver cómo ridiculizaban a Nasrudin de esa manera. Lo llamó a un rincón de la plaza y le dijo:
- Cuando le ofrezcan dos monedas, elija la de mayor valor. Así tendrá más dinero, y los demás no lo considerarán un idiota.
- El señor parece tener razón -respondió Nasrudin. -Pero si yo eligiera la moneda más valiosa, las personas dejarían de ofrecerme dinero para demostrar que soy más idiota que ellas. Usted no sabe cuánto dinero tengo reunido, usando este truco.
“No tiene nada de malo pasar por tonto, si en verdad lo que uno hace es inteligente”.


EL CONTRABANDISTA

Nasrudin solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.
Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudin aumentaba visiblemente.
Un dia se retiro y fue a vivir a otro país, donde, unos años mas tarde, le encontró uno de los aduaneros.
- Ahora me lo puedes decir, Nasrudin, ¿Que pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?
- Asnos - contesto Nasrudin.
El hecho de que la persona media piense según unas pautas determinadas y no pueda adaptarse a un punto de vista muy diferente, le hace perder gran parte del sentido de la vida. Puede vivir, incluso progresar, pero no puede comprender lo que ocurre.

EL OSO

Un rey que gustaba de la compania de Nasrudin, y también de la caza, le ordeno que le acompañara en la caza del oso. Nasrudin estaba aterrado.
Cuando Nasrudin volvió a su aldea, alguien le pregunto: - ¿Como fue la caza?
- Maravillosamente.
- ¿Cuantos osos viste?
- Ninguno.
- Entonces, ¿por que dices que fue maravillosamente?
- Cuando estas cazando osos, y tu eres yo, no ver ningún oso es una experiencia maravillosa.
Las normas del bien y del mal dependen de criterios individuales o de grupos y no de hechos objetivos. Hasta que experimentemos esto internamente y lo aceptemos intelectualmente, no seremos capaces de la comprensión interna.
El sufismo niega la suposición de que el mero hecho de vivir nos hace perceptivos. Un hombre puede estar clinicamente vivo y perceptivamente muerto. La lógica y la filosofía no le ayudaran a alcanzar la percepción.
Un aspecto del siguiente relato lo pone de manifiesto :
El Mulla estaba pensando en voz alta.
- ¿Como se si estoy vivo o muerto?
- No seas necio - dijo su esposa - si estuvieras muerto, tus miembros estarían fríos.
Poco tiempo después, Nasrudin se encontraba en el bosque cortando leña. Era pleno invierno. De repente se dio cuenta de que tenia fríos las manos y los pies.
Indudablemente estoy muerto - pensó - de modo que debo interrumpir mi trabajo. Los cadáveres no van por ahi caminando, se tendió sobre la hierba.
Pronto llego una manada de lobos y empezó a atacar al asno de Nasrudin, que estaba atado a un árbol.
- Vamos, continuad, aprovechaos de un hombre muerto - dijo Nasrudin sin moverse - pero si estuviera vivo, no os permitiría estas libertades con mi asno !


NASRUDÍN VISITA LA INDIA
El célebre y contradictorio personaje sufí Mulla Nasrudín visitó la India. Llegó a Calcuta y comenzó a pasear por una de sus abigarradas calles. De repente vio a un hombre que estaba en cuclillas vendiendo lo que Nasrudín creyó que eran dulces, aunque en realidad se trataba de chiles picantes. Nasrudín era muy goloso y compró una gran cantidad de los supuestos dulces, dispuesto a darse un gran atracón. Estaba muy contento, se sentó en un parque y comenzó a comer chiles a dos carrillos. Nada más morder el primero de los chiles sintió fuego en el paladar. Eran tan picantes aquellos “dulces” que se le puso roja la punta de la nariz y comenzó a soltar lágrimas hasta los pies. No obstante, Nasrudín continuaba llevándose sin parar los chiles a la boca.
Estornudaba, lloraba, hacía muecas de malestar, pero seguía devorando los chiles. Asombrado, un paseante se aproximó a él y le dijo:
--Amigo, ¿no sabe que los chiles sólo se comen en pequeñas cantidades?
Casi sin poder hablar, Nasrudín comento:
--Buen hombre, créeme, yo pensaba que estaba comprando dulces.
Pero Nasrudín seguía comiendo chiles. El paseante dijo:
--Bueno, está bien, pero ahora ya sabes que no son dulces. ¿Por qué sigues comiéndolos?
Entre toses y sollozos, Nasrudín dijo: --Ya que he invertido en ellos mi dinero, no los voy a tirar.


Tiranía de la mayoría

En cierto momento de su vida, la población entera de su pueblo estaba ya harta de las bromas y confusiones de Nasrudín.

Fueron todos ante el magistrado, y éste dictó una orden:

- Nasrudín, por voluntad de la gente, tengo que declarar que debes abandonar el pueblo.

- ¿Es por unanimidad? – preguntó el Maestro.

- Sí, me temo que es así.

- Entonces me niego a irme. Hay una gran cantidad de ellos y solamente uno solo de mí. Si a ellos no les gusta el pueblo tal como es, pueden irse y construir otro. Pero yo, un solo individuo, ¿cómo podría siquiera empezar a construir una pequeña casa para mí en otra parte?.


La reunión para las elecciones
Sucedió antes de las elecciones. El pueblo había invitado a todos los candidatos para que hablaran ante los ciudadanos reunidos en la plaza pública.

Nasrudín fue invitado a divertir a la gente, en su calidad de personaje exótico.

Después de que los tres candidatos terminaron sus discursos, el Maestro subió a la plataforma y dijo:

- He venido aquí para ofrecerles a ustedes mi propia receta especial. Apúntenla y pruébenla.

Luego dijo que había que hervir cierta cantidad de miel, ajo y pescado, todo junto. Después de lo cual, estaba listo para comerse.

Un número considerable de gente probó la receta. El sabor era nauseabundo. Varias de estas personas entraron furiosas en la casa de Nasrudín, con la intención de saber que se había propuesto con semejante broma.

- Bueno – dijo Nasrudín – Yo no dije que a mi me gustara ese guiso, que en realidad nunca he probado. Pero a mí me pareció una idea tan buena, que quise averiguar si daba buen resultado. ¿No es eso lo que hacen los candidatos para ganar la elección?


Por eso lo aprecian
- Nunca le des a nadie de inmediato lo que te pida, sino hasta que haya pasado por lo menos un día, - dijo Nasrudín.

- ¿Por qué no maestro?

- La experiencia nos demuestra que la gente solo aprecia algo cuando ha tenido antes la oportunidad de dudar de si lo obtendrá o no.


Los requisitos correctos

Alguien le preguntó a Nasrudin: - ¿Es posible que un hombre de 100 años tenga un hijo?
-Sí, - contestó Nasrudin- siempre y cuando tenga un cómplice, digamos, que esté en sus veintes o treintas.

Gris y blanco

Nasrudin cuando era un niño, le preguntó a su papá:
-¿Por qué tienes el pelo gris?
- Nasrudin, porque los niños que hacen preguntas impertinentes hacen que el pelo de un hombre se vuelva blanco.
- Ya veo- dijo el Maestro-. Eso explica por qué el pelo de tu propio padre es del color de la nieve.

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Al Mulá Nasrudin se le vió un día caminando penosamente con sus zapatos colgados de los cordones alrededor de su cuello.
El hombre que vió esto, al pasar, dijo:
- Hola, Nasrudín ¿por qué no te calzas los zapatos?
- ¡Qué! - dijo Nasrudín -; ¿y gastarlos?
Un poco mas tarde, un clavo le perforó un pie.
- Gracias a Dios que he mantenido mis zapatos a salvo - se dijo el Mulá a sí mismo.

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Nasrudin estaba sin trabajo y preguntó a algunos amigos a qué profesión podía dedicarse. Ellos le dijeron: - Bueno, Nasrudín, tú eres muy capaz y sabes mucho sobre las propiedades medicinales de las hierbas. - Podrías abrir una farmacia.
Se fue a casa, pensó en ello y dijo: - Sí, es una buena idea, creo que soy capaz de ser farmacéutico. Claro que Nasrudín estaba pasando por uno de esos momentos en los que deseaba ser muy prominente y muy importante. Se dijo: - No voy a abrir solamente un herbolario o una farmacia que se ocupe de hierbas. - Voy a abrir algo enorme y a producir un impacto significativo. Compró una tienda, instaló las estanterías y vitrinas, y cuando llegó el momento de pintar el exterior colocó un andamio, lo cubrió con sábanas y trabajó detrás de él.



No le dejó ver a nadie qué nombre le iba a poner a la farmacia, ni cómo estaba pintando el exterior.Después de varios días, distribuyó folletos que decían: “La gran inauguración es mañana a las nueve“. Todas las personas del pueblo y de los pueblos de los alrededores vinieron y se quedaron de pie esperando frente a la nueva tienda.
A las nueve en punto salió Nasrudín, y con gesto teatral quitó la sábana que cubría la fachada de la tienda, y había allí un enorme cartel que decía “Farmacia cósmica y galáctica de Nasrudin“, y debajo, con letras más pequeñas: “Armonizada con influencias planetarias“.
Muchas personas quedaron muy impresionadas, y él hizo muy buenos negocios ese día.
Por la tarde, el maestro de la escuela local fue y le dijo: - Francamente, Nasrudín, esas afirmaciones que usted hace son un poco dudosas. -
No, no, – dijo Nasrudín - Todas las afirmaciones que hago acerca de influencias planetarias son absolutamente ciertas.
- Cuando el sol se levanta, abro la farmacia .. - .. y cuando el sol se pone, la cierro.

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Cuando Nasrudin tenía una tintoreria, vino un cliente que le dijo:
- Podrías teñirme este vestido?
- ¿De qué color lo quieres?
- Ah, nada complicado, pero que no sea ni rojo, ni verde, ni blanco, ni negro, ni amarillo, ni lila. Bien, ya me entiendes, no querría ningún color conocido, pero fuera de esto, nada especial. ¿Me lo puedes hacer?
- ¡Claro que si, hombre! Pasa a recogerlo cuando quieras, pero que no sea ni lunes, ni martes, tampoco miércoles, ni jueves y menos viernes. ¡Ah! Y el sábado y domingo esta cerrado. Fuera de esto, ya lo sabes, siempre y cuando quieras.

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